Resumen Semanal: 2007


domingo, 9 de septiembre de 2007

UN CUENTO...

Una vez una persona andaba buscando al Señor. Le habían comentado de una invitación que hacía a todos para llegarse hasta su Reino, donde dicen que tenía reservada una morada para cada uno de sus amigos.

Él también tenía ganas de ser amigo del Señor. ¿Por qué no? Si otros lo habían logrado, ¿qué le impedía a él llegar a ser uno de ellos?

Averiguando, se enteró de que el Señor se había ido monte adentro con un hacha, a preparar para cada uno de sus amigos, lo que necesitaría para el viaje. Los golpes del hacha lo fueron guiando, acercándose al lugar de donde provenían los golpes. Las dificultades no lograron detenerlo, porque era hombre decidido.

Al fin llegó. Y se encontró con el mismísimo Nuestro Señor, que estaba preparando las cruces, antes de partir a su casa, a fin de disponer un lugar para cada uno.

–¿Qué estás haciendo? –Le preguntó el joven al Señor. –Estoy preparando a cada uno de mis amigos la cruz con la que tendrán que cargar para seguirme y así poder entrar en mi Reino.

–¿Puedo ser yo también uno de tus amigos? –Volvió a preguntar el muchacho.

–¡Claro que sí! –Le dijo Jesús. –Es lo que estaba esperando que me pidieras. Para serlo de verdad, tendrás que tomar vos también la cruz y seguir mis huellas. Porque tengo que adelantarme para prepararles un lugar.

–¿Cuál es mi cruz, Señor?

–Esta que acabo de hacer. Sabiendo que venías, y viendo que los obstáculos no te detuvieron, me puse a preparártela con mucho cariño para vos.

La verdad es que muy, muy preparada no estaba. Se trataba prácticamente de dos troncos cortados con hachas, sin ningún tipo de terminación ni arreglos, cortados de abajo hacia arriba, por lo que sobresalían pedazos por todas partes. Era una cruz de madera dura, pesada, y muy mal terminada. El joven al verla pensó que el Señor no se había esmerado demasiado en preparársela. Pero como quería realmente entrar en el Reino, se decidió a cargarla sobre sus hombros, comenzando el largo camino, con la mirada en las huellas del Maestro.

Ni bien cargó la incómoda cruz, hizo también su aparición Mbaé Pochi (el diablo). Es su costumbre hacerse presente en estas ocasiones. Porque donde anda Dios, asimismo anda el diablo. Sobre todo en los montes.

Desde atrás le pegó el grito al joven que ya se había puesto en camino:

–¡Te olvidaste de algo!

Extrañado por aquella llamada, miró para atrás y vio a Mandinga muy comedido, que se acercaba sonriente con el hacha en la mano para entregársela.

–Pero, ¿cómo? ¿También tengo que llevarme el hacha? –Preguntó molesto el muchacho.

–Se me hace que es conveniente que te la lleves por lo que puedas necesitar en el camino –dijo el diablo inocentemente.

La propuesta le pareció tan razonable, que sin pensar demasiado, tomó el hacha y reanudó su camino.

Duro camino, él creía que lo haría con la visible compañía del Maestro. Pero resulta que se había ido, dejando sólo sus huellas.

Una noche muy fría y llena de soledad se detuvo a descansar al descampado. Depositó la cruz en el suelo, a la vez que tomó conciencia de la utilidad que podría brindarle el hacha. Quizá el Maligno (que lo seguía a escondidas) ayudó un poco arrimándole la idea mediante el brillo de fierro del instrumento.

Lo cierto es que, ahí nomás, se puso a arreglar la cruz. Con calma y despacito le fue sacando los nudos que más le molestaban, suprimiendo aquellos muñones de ramas mal cortadas, que tantos disgustos le estaban proporcionando en el camino. Y consiguió dos cosas: Primero, mejorar el madero. Y segundo, se agenció de un montoncito de leña que le vino como mandado a pedir para prepararse un fueguito con el que calentar sus manos ateridas.

Esa noche durmió tranquilo. A la mañana siguiente reanudó su camino. Noche a noche su cruz fue siendo mejorada, pulida por el trabajo que en ella iba realizando. Mientras, conseguía tener también la madera que le era necesaria para el fueguito amigo de cada noche. Casi, casi, se sintió agradecido hacia Mandinga que le había hecho traerse el hacha consigo.

Estaba satisfecho con la tarea, y hasta sentía un pequeño orgullo por su obra de arte. Achicándola un poco más, llegaría finalmente a poder levantarla con una sola mano a manera de estandarte, para sí identificarse ante los demás como seguidor del crucificado. Y si le daban tiempo, podría llegar a acondicionarla hasta tal punto que llegaría al Reino con la cruz colgada al cuello como un adorno sobre su pecho, para alegría de Dios y testimonio ante los demás.

Y consiguió su meta, cuando llegó a las murallas del Reino, se dio cuenta de que gracias a su trabajo, estaba descansado y además podía presentar una cruz muy bonita, que ciertamente quedaría como recuerdo en la Casa del Padre.

Pero no todo fue tan sencillo, resulta que la puerta a la entrada al Reino estaba colocada en lo alto de la muralla. Se trataba de una puerta estrecha, abierta casi como una ventana a una altura imposible de alcanzar.

Llamó a gritos anunciando su llegada. Y desde lo alto se le apareció el señor invitándolo a entrar:

–Pero, ¿cómo, Señor? No puedo. La puerta está demasiado alta y no alcanzo.

–Apoyá la cruz contra la muralla y luego trepá por ella utilizándola como escalera –le respondió Jesús– Yo le dejé a propósito los nudos para que te sirviera. Además tiene el tamaño justo para que puedas llegar hasta la entrada.

En ese momento el joven se dio cuenta de que realmente la cruz recibida había tenido sentido y que de verdad el Señor la había preparado bien. Sin embargo ya era tarde. Su pequeña cruz, pulida, y recortada, le parecía ahora un juguete inútil. Era muy bonita pero no le servía para entrar. Mandinga había resultado mal consejero y peor amigo.

Pero el Señor es bondadoso y compasivo. No podía ignorar la buena voluntad del muchacho y su generosidad en querer seguirlo. Por eso le dio un consejo y otra oportunidad.

–Volvé sobre tus pasos. Seguramente en el camino encontrarás a alguno que ya no da más. Ayúdale a traerla. De esta manera vos le posibilitarás que logre hacer su camino y llegue. Y él te ayudará a vos a que puedas entrar a mi Reino.

lunes, 6 de agosto de 2007

AGENDAS EN MANO!!!! (Fechas a marcar)

2 de SEPTIEMBRE - Jornada Nacional de la Juventud (en el Colegio San Isidro) (Ya Realizado)

16 de SEPTIEMBRE - Reunión (comida) en la Casa de Munry 2

22-23 de SEPTIEMBRE - Retiro del grupo

jueves, 26 de julio de 2007

Lectura

En esta nueva etapa de LA POST-CONFI, hemos encontrado una lectura del evengelio que será guía de ahora en más para el grupo, al igual que la lectura de "Los discípulos de Emaús" fue para LA CONFI.



La Pesca Milagrosa
(Lc. 5, 1-11)

" Cierto día la gente se agolpaba a su alrededor para escuchar la palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. Subió a una de las barcas, que era la de Simón, y le pidió que se alejara un poco de la orilla; luego se sentó y empezó a enseñar a la multitud desde la barca.Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar. »Simón respondió: «Maestro, por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada; pero, si tú lo dices, echaré las redes. » Así lo hicieron, y pescaron tal cantidad de peces, que las redes casi se rompían.Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarles. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas, que por poco se hundían.Al ver esto, Simón Pedro se arrodilló ante Jesús, diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador. » Pues tanto él como sus ayudantes se habían quedado sin palabras por la pesca que acababan de hacer.Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.Jesús dijo a Simón: «No temas; en adelante serás pescador de hombres. » En seguida llevaron sus barcas a tierra, lo dejaron todo y siguieron a Jesús."


El relato del llamado a los primeros discípulos se encuentra en los cuatro evangelios (Mc. 1, 16-20; Mt. 4, 18-22 ; Jn. 1, 35-42 y este texto de Lucas), lo cual nos permite inferir, antes aún de su lectura, que tuvo un valor significativo e importante para las primeras comunidades cristianas. Junto con los relatos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, la multiplicación de los panes y otros pocos acontecimientos (¿te animas a buscar cuáles?) constituyen núcleos muy antiguos, alrededor de los cuales se fueron redactando los evangelios. La reflexión y oración de estos textos nos ayuda a encontrarnos con la palabra viva del Señor que nos convoca en nuestra vida cotidiana de hoy. El texto comienza describiendo en forma sintética la predicación de Jesús. No olvidemos que en la organización del evangelio de Lucas, el capítulo anterior (cap. 4) fue una presentación de la misión de Jesús, centrada en el episodio de la sinagoga de Nazaret. Luego de esta proclama, que anunciaría su programa de acción (hacer realidad las palabras del profeta Isaías, releer Lc. 4, 14-21), Jesús se dedica a dar comienzo a su práctica por el Reino. "Baja" (porque Nazaret se situaba más alto que las localidades del lago de Galilea) hasta la ciudad de Cafarnaún, adonde comienza su predicación y realiza sus primeros milagros.Los tres primeros versículos del capítulo 5 nos dan algunos detalles interesantes de la predicación:- la gente se reunía en multitudes para escuchar a Jesús (evidentemente sus primeras curaciones habían despertado el interés del pueblo en conocerlo, ver Lc. 4, 40. 42)- la disposición de Jesús para enseñar (los evangelios nos dan varios ejemplos de situaciones similares, una multitud que sigue a Jesús y El que les dedica tiempo para enseñarles)- la capacidad de Jesús de "ver" en las situaciones que vive. Esta mirada atenta de Jesús, que en este relato es capaz de fijar la atención en Pedro y sus compañeros (en los cuatro relatos se aprecia esta actitud de Jesús) es una constante que aparece en su práctica. Su mirada le permite "ver" donde otros no ven y descubrir personas y situaciones relacionadas con el Reino y la voluntad de su Padre. En este caso la capacidad de "ver" a estos sencillos pescadores (¿no habría muchos otros en la costa? Sabemos que el lago era la fuente de provisión de pescado de Palestina, en sus costas se procesaba el mismo para distribuirlo hacia otras regiones) tiene como consecuencia el llamado a los primeros seguidores y la constitución de la comunidad itinerante de discípulos, una de las características más claras de la pedagogía de Jesús (enseñar en la vida, en el camino, en comunidad).
En la narración del llamado Lucas introduce el milagro de la pesca, que no aparece en los relatos de los tres evangelios. Luego de la enseñanza a la multitud la escena se concentra en Jesús y los pescadores.Jesús toma la iniciativa y da un consejo a Pedro. Este comienza su respuesta con un suave reproche: "por más que lo hicimos durante toda la noche, no pescamos nada", pero reconociendo delante de sí a un maestro (sus palabras comienzan con este título) accede a su propuesta, "pero, sí tú lo dices, echaré las redes".El resultado es una pesca abundante y generosa que impresiona a los pescadores y los deja sin palabras (en otros relatos bíblicos la proximidad con el misterio de la presencia de Dios también se expresa de esta manera). La palabra, como explicación racional de la vida deja lugar a la expresión de fe. Notar que "se quedaron sin palabras por la pesca" (vers. 9), pero tienen palabras y gestos para reconocer a Jesús (vers. 8).La actitud y palabras de Pedro nos permiten apreciar su proceso de fe:- Comienza accediendo a prestar su barca a Jesús para que enseñara a la gente (vers. 3), pues se podría haber negado, ¿no estaba acaso ocupado en sus tareas cotidianas, lavando las redes? El llamado nace siempre dentro de la vida cotidiana de todos los días. Esta constante la podemos observar en muchos otros relatos de vocación bíblicos. Moisés es llamado por Dios mientras pastorea el rebaño de su suegro, pues en ese momento de su vida era pastor (Ex. 3, 1 ss); Samuel recibe el llamado mientras estaba de niño aprendiendo junto al sacerdote Elí (1 Sam. 3, 1-19); María recibe el anuncio del ángel mientras estaba en su casa, preparándose para su casamiento con José, como correspondía a una joven de su edad (Lc. 1, 26-38); Mateo recibe el llamado mientras estaba cobrando impuestos, pues era recaudador (Mt. 9, 9).- Accede al pedido de Jesús, por más que en su lógica de pescador la salida sería en vano, "lo hicimos toda la noche, no pescamos nada", porque reconoce en Jesús a un maestro. Hasta aquí su apreciación de la persona de Jesús no difiere de la del resto de la gente. También la multitud reconocía en Jesús a un maestro, con autoridad para enseñar y curar (Lc. 4, 32. 40).- La señal de la pesca abundante, cuando él, pescador de oficio y de toda la vida, la había descartado, se convierte en signo del misterio de Dios. Cuando Pedro vuelve a hablar con Jesús, al bajar de su barca, se arrodilla ante él (gesto) y lo llama "Señor" (palabra). En el lenguaje de Lucas, "Señor" es uno de los títulos cristológicos preferidos para expresar la divinidad y mesianismo de Jesús. Lucas escribe para cristianos provenientes del helenismo, de raíces paganas, que no conocían el judaísmo. Para ellos era díficil comprender el significado de "mesías", tan importante para el pueblo judío (y los cristianos de este origen), por lo tanto, utiliza muchísimo en su evangelio el término "Señor". El uso habitual de esta palabra estaba referida al emperador, por lo tanto al utilizarla en relación a la persona de Jesús, Lucas quiere transmitir, en el lenguaje de sus interlocutores, que Jesús es el Dios verdadero, Señor de todo lo creado (la utilización de los distintos títulos cristólogicos, así como el lenguaje y estilo literario de cada evangelio nos brinda una excelente forma de "inculturar" el mensaje de Jesús atendiendo a la realidad y cultura de cada comunidad destinataria… ¿cómo y con qué lenguaje anunciar hoy a Jesús como Señor, en las diferentes culturas a las que llega su Palabra?).Es importante notar que la actitud de fe de Pedro se expresa con gesto y palabra. Como bien dirá Jesús en otro pasaje, "no basta con decir Señor, Señor…" para seguirlo, hace falta llevar a la práctica su mensaje (Mt. 7, 21 ) Y esto es lo que hace Pedro (y sus compañeros) finalmente.- Luego de reconocer al Señor dejan todo y lo siguen. El final de la escena es profundamente ilustrativo de lo que significa la respuesta de fe. No alcanza con proclamar al Señor, también hay que ser capaz de vivir una actitud (constante y cotidiana) de renuncia, a los propios proyectos, a los afectos, a los bienes. Ellos lo dejan todo: su oficio de pescadores (proyecto vital), su familia (afectos, en los otros textos se hace referencia a la presencia de su padre Zebedeo) y sus barcas (bienes, observar que no son bienes de lujo sino el medio de vida, los recursos materiales con los que cuentan para vivir). El seguimiento nace de una actitud de entrega sin reservas a la persona de Jesús. Una actitud de confianza que hace vivas sus palabras, "no se inquieten de cómo vivirán…" Para seguir al Señor, y andar con Él por los caminos del Reino, es necesario poner el centro de la vida en su proyecto (el Reino), y ser capaces de situar a un costado (no en el centro) los proyectos personales, los afectos y los bienes. Si reconocemos en Él al Señor, Él debe ser el centro de la vida.

por Marcelo A. Murúa

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